Geoscience Research Institute
Un Lugar para la Historia de la Tierra y la Vida

Homo naledi

¿Es el Homo naledi nuestro “pariente”, “antepasado”,

o “parte del árbol genealógico humano”?

Por Ronny Nalín

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El 10 de septiembre de 2015, un artículo de libre acceso en la revista digital eLife (puede descargarse en http://elifesciences.org/content/4/e09560) presentó a la comunidad científica la adición más reciente de una especie al registro fósil homínido: Homo naledi (Fig. 1).1 Esta presentación incluía la emisión de un documental de casi dos horas de duración producido por PBS y National Geographic titulado “El Amanecer de la Humanidad”, así como la entusiasta divulgación del sensacional descubrimiento por parte de los principales medios de comunicación.

El material fósil descrito en el trabajo es efectivamente extraordinario por varias razones. Ante todo, el número absoluto de restos esqueléticos y dentales recuperado (por encima de los 1500, con probabilidad de aumentar al continuar excavando en el mismo sitio) lo convierte en “la colección más grande de una sola clase de homínidos que haya sido descubierta en África hasta ahora”.2 Un mínimo de 15 individuos está representado en estos restos, abarcando grupos de edades diferentes, desde infantes hasta adultos mayores. Los restos están bastante bien conservados, con algúna rotura y abrasión superficial, y en general están desarticulados excepto en algunos casos en particular (por ej., los huesos de una mano y los de un miembro inferior todavía articulados).

El segundo aspecto que llamó la atención en las noticias es la mezcla de rasgos anatómicos similares a humanos y a australopitecos que exhiben algunas partes recuperadas (por ej., “manos y pies semejantes a humanos” y “pelvis semejantes a australopitecos”).3 Finalmente, el contexto en el que los fósiles están conservados también es sumamente intrigante. Se encontraron los restos en 20 centímetros de fino sedimento que cubrían el piso de una cámara profunda en un sistema de cuevas (llamado Rising Star) cerca de Johannesburgo (Sudáfrica), actualmente accesible sólo a través de pasajes angostos (de hasta 20 centímetros de diámetro) con caídas verticales de más de 10 metros (Fig. 2). No parece que la cámara cavernaria tuviera otros accesos en el pasado ni que el agua hubiera transportado los restos a la cámara. Además, el conjunto consta exclusivamente de restos de homínidos, sin restos de ningún otro animal mezclados con ellos (con excepción de los huesos de un búho y algunos dientes de roedores). Esta configuración condujo a especular que los cadáveres podrían haber sido dispuestos intencionalmente en este hueco profundo y oscuro, como se debate en un artículo acompañante en eLife (puede descargarse en http://elifesciences.org/content/4/e09561).4

Para aquellos que valoran el conocimiento, la ciencia, y la Palabra de Dios, descubrimientos así evocan siempre una reacción ambivalente. Estamos asombrados por las nuevas evidencias del pasado, pero entristecidos al ser presentados a las masas con el teñido de evolución Darwiniana. Por ejemplo, en sólo unos párrafos, un artículo de CNN sobre el Homo naledi usa expresiones como “nueva especie de antepasado humano”, “una nueva adición a nuestro árbol genealógico”, y “nueva especie de familiar humano”.5 El mensaje implícito en este uso del lenguaje es que los seres humanos no son el resultado de un acto intencional de creación divina, sino meramente una de las muchas secciones del árbol de ascendencia común universal de las formas ancestrales. Esta perspectiva contrasta con el modelo alternativo de un Dios que crea tipos distintos (incluyendo seres humanos) que pudieron modificarse con el paso del tiempo. El lenguaje es una herramienta poderosa que puede usarse para defender interpretaciones específicas de los datos. Sin embargo, por lo general los datos mismos pueden ser compatibles con múltiples hipótesis. El objetivo de este artículo es utilizar el ejemplo del Homo naledi para ilustrar la diferencia entre dato e interpretación, y debatir algunas de las preguntas que un creacionista bíblico podría tener en relación con este nuevo descubrimiento.

Comprendiendo las limitaciones de los datos

El conjunto fósil de Homo naledi es un ejemplo excelente de las limitaciones intrínsecas en la práctica de las ciencias históricas. Podemos trabajar solamente con lo que está conservado y disponible, y desarrollar escenarios plausibles sobre la base de la inferencia más lógica, excluyendo hipótesis sin fundamento. He aquí algunos ejemplos para ilustrar el punto:

1) Integridad. En términos de cantidad de restos fósiles y representación de partes del cuerpo diferentes provenientes de un único sitio, el descubrimiento en la cueva Rising Star es muy importante. Sin embargo, incluso a pesar de esta abundancia, el registro todavía es fragmentario. Por ejemplo, hasta ahora se recuperaron restos de al menos 15 individuos diferentes, pero están representados solamente cinco cráneos parciales y algunos otros fragmentos craneales. Algunas partes del cráneo no están conservadas o están documentadas solamente con una muestra. Teniendo en cuenta estas limitaciones, los rasgos que se presentan como diagnósticos para el cráneo de Homo naledi todavía se fundamentan en una base de datos relativamente limitada. El artículo especifica que cuando los especímenes diferentes preservan la misma parte del cráneo, “coinciden estrechamente en todos los detalles morfológicos”6 Sin embargo, también menciona excepciones, donde se interpretan las diferencias entre los cráneos “como relacionadas con el sexo”,6 que son atribuibles a la variabilidad entre individuos masculinos y femeninos. Desafortunadamente, el trabajo no provee una discusión detallada de las diferencias implicadas.

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Figura 2: Vista transversal del sistema de cuevas Rising Star, indicando el lugar donde se han encontrado los fósiles. Crédito de la imagen: Dirks et al. 2015, disponible en http://elifesciences.org/content/4/e09561#F2

2) Cifras. Es importante comprender la manera en que se obtiene de los fósiles alguna información cuantitativa. Por ejemplo, en la Tabla 1 del artículo7 se indica la capacidad craneal (una medida del tamaño del cerebro) de Homo naledi de alrededor de 513cm3. En la sección de métodos del artículo se ofrece una buena explicación de cómo se obtuvo esta cifra. El proceso supuso fusionar dos juegos de restos craneales en dos modelos 3D diferentes, interpolando áreas donde no había datos disponibles, y luego hacer un promedio entre los dos volúmenes calculados (Fig. 3). Este proceso de cálculo ofrece una sugerencia bastante buena del tamaño promedio del cerebro que parece representativo de al menos cuatro individuos, pero no es un valor obtenido por la medición directa de un espécimen completo. Otro ejemplo es el cálculo aproximado de la masa corporal. El trabajo estimó la masa corporal de Homo naledi a partir de huesos de ocho individuos, obteniendo un rango entre 39.7 kg y 55.8 kg.8 Se calcularon estos números midiendo la amplitud de los huesos del fémur en ubicaciones estándar y aplicando a las mediciones una ecuación de regresión sobre la base de muestras humanas modernas, donde la masa corporal y la amplitud femoral de individuos humanos pueden establecerse con exactitud y luego correlacionarlas. Éste es el procedimiento estándar, pero está claro que la masa corporal estimada variará si se usan como referencia muestras humanas modernas diferentes y dependiendo del fémur/hueso femoral específico que usaron las mediciones. Por ejemplo, usando una de las mismas mediciones adoptadas en el artículo9 pero con una ecuación de regresión sobre la base de una muestra humana diferente se obtuvo un rango entre 33.09 kg y 40.05 kg,10 que es menor que los valores de masa corporal presentados en el artículo. Además, la suposición de que la correlación entre la amplitud femoral y la masa corporal en los seres humanos modernos es la misma que en homínidos fósiles anatómicamente diferentes obviamente no es verificable, y como máximo probablemente una aproximación.

3) Atribución. Dado que la mayoría de los restos estaban desarticulados (ver una excepción en la Fig. 4), es difícil determinar qué huesos pertenecen al mismo individuo. Paradójicamente, si en este conjunto estuviera representado un solo esqueleto, incluso los restos parciales podrían usarse para la medición directa de las verdaderas proporciones del cuerpo. Tener material disociado abundante permite una mejor comprensión del rango de variabilidad morfológico y de tamaño en una población, pero las reconstrucciones de las proporciones del cuerpo pueden ser más complicadas. Otra complicación posible al tratar con restos desarticulados podría resultar en hacer una mezcla de dos tipos distintos de homínidos (por ej. uno más semejante a humanos y otro más semejante a australopitecos) como si pertenecieran a un solo tipo. Los escritores del artículo presentan buenos argumentos para excluir esta posibilidad. Señalan que “en todos los casos donde se repiten varios elementos de área en la muestra, estos son morfológicamente homogéneos, con variación consecuente del tamaño del cuerpo y las diferencias de sexo dentro de una misma población” y que las “configuraciones morfológicas distintivas”, incluyendo “rasgos no encontrados en especies de homínidos ya descritas”, son idénticas en las muestras recuperadas. Su conclusión es que “estas consideraciones indican claramente que este material representa una sola especie, y no un conjunto mezclado”.11 Sin embargo, incluso si este razonamiento es válido, queda la posibilidad teórica de la mezcla de dos tipos, y esto se indicó en los comentarios al descubrimiento realizado por los renombrados paleoantropólogos Jeffrey Schwartz (Universidad de Pittsburgh) y Ian Tattersall (Museo de Historia Natural de Estados Unidos).12

4) Comportamiento. Una demostración final de la diferencia entre los datos y las interpretaciones se observa en la configuración en la que se encontraron los fósiles de Homo naledi. La lejanía de la cámara cavernaria (Fig. 2) y el hecho de que se encontraron solamente restos homínidos llevó a la aseveración de que éste es un ejemplo de disposición intencional de cadáveres. Sin embargo, este escenario es solamente una posibilidad, y no puede establecerse con seguridad. Los escritores reconocen que otros escenarios son posibles: “Tanto los escenarios de una mortalidad masiva o una trampa mortal […] y la hipótesis de disposición intencional se consideran interpretaciones plausibles y requieren investigación adicional”, aunque los escritores expresan su preferencia hacia la disposición intencional.13 Desafortunadamente, la precaución y el equilibrio expresados en el artículo no se equipararon a los comentarios hechos por los escritores a los medios de comunicación, donde emitieron declaraciones prejuiciadas como éstas: “Acabamos de encontrarnos con otra especie que quizás pensó en su propia mortalidad, y a gran riesgo y esfuerzo dispusieron de sus muertos en una cámara profunda y lejana”;14 “Podemos decir que éste no fue un grupo social que murió por alguna clase de catástrofe en la cueva”;15 “Después de eliminar todas las otras probabilidades, hemos llegado a la conclusión de que Homo naledi estaba utilizando esta recámara en un modo ritual para disponer deliberadamente a sus muertos”.16 Reclamos de comportamiento ritualista, ideas sobre mortalidad propia, y la clara exclusión del escenario de mortalidad masiva de un grupo social no sólo representan una distorsión de las evidencias disponibles, sino también en el último caso están en clara contradicción con las conclusiones del artículo.

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Figura 3: Los dos cráneos reconstruidos del Homo naledi, vista lateral (izquierda) y superior (derecha ). El endocráneo (superficie externa del cerebro) es la parte sombreada y más oscura en ambas reconstrucciones. Cráneo A: reconstrucción formada a partir de las muestras DH3 y DH4. Este es el cráneo virtual más pequeño, con un volumen craneal estimado de 465 cm3. Sin escala en la imagen original. Cráneo B: reconstrucción formada a partir de las muestras DH1 y DH2. Este es el cráneo virtual más grande, con una capacidad craneal estimada de 560 cm3. Escala en cm. Crédito de la imagen: Berger et al. 2015, disponible en http://elifesciences.org/content/4/e09560

La agenda Homo 

La palabra Homo es altamente rele- vante, porque es parte del nombre científico de los seres humanos. Si un tipo extinto es puesto dentro del género humano, esto quiere decir que comparte semejanzas más cercanas con los seres humanos que con cualquier otro grupo conocido de organismos, incluyendo los australopitecos. Por lo tanto, la elección de un nombre no es meramente un deta- lle técnico trivial, sino que expresa un sentido de cómo les gustaría a los descubridores de un fósil que se percibiera el fósil en cuestión. Para los evolucionistas, algo llamado Homo automáticamente ocupacierto lugar en la supuesta secuencia evolutiva desde los australopitecos hasta los seres humanos. Para los creacionistas, algo llamado Homo encaja automáticamente dentro de las variaciones morfológicas de cierto organismo tipo creado original. Ambos grupos querrían evitar llamar Homo a algo que no lo es.

Los descubridores de los fósiles de la cueva Raising Star tuvieron que abordar dos preguntas cuando escogieron cómo nombrar los restos: 1) ¿representan estos fósiles un nuevo tipo? 2) Si es así, ¿a qué es más similar? Al escoger el nombre Homo naledi, respondieron a la primera pregunta afirmativamente, y sugirieron a los seres humanos como respuesta para la segunda pregunta. Aunque esta elección puede ser legítima, es importante comprender que representa una interpretación específica de los datos, y que otras interpretaciones podrían sugerir conclusiones diferentes a ambas preguntas. Sobre el tema de ser éste un tipo diferente, por ejemplo, el paleoantropólogo Tim White (Universidad de California, Berkeley) considera, de manera provisional, que estos restos podían ser incluidos dentro de la variabilidad de la especie Homo erectus, ya establecida.17

Sobre la elección de la atribución al género Homo, los escritores basan su decisión en los aspectos anatómicos semejantes a los seres humanos descritos de las extremidades inferiores, manos, y dientes, así como por la forma general del cráneo.18 Sin embargo, deliberadamente se pone énfasis sobre estas características mientras que muchos otros rasgos esqueléticos (por ej. la zona pélvica, las región de los hombros, la caja torácica) son más australopitecoides que humanoides. El tamaño aproximado del cerebro, por ejemplo, no sólo es pequeño en valor total cuando se compara con seres humanos modernos, sino que también su proporción relativa a la masa corporal estimada (una medida conocida como cociente de encefalización) es casi la mi- tad de la de los seres humanos modernos y similar a la de los australopitecos.19 En algunas de las presentaciones de los resultados, pareciera que los escritores del artículo querrían deliberadamente enfatizar un vínculo con los seres humanos en vez de con los australopitecos. Por ejemplo, el trabajo dice que “H. naledi tiene un rango de masa corporal similar a las poblaciones humanas de cuerpo pequeño”,2 pero una afirmación igualmente válida habría sido decir que el rango de masa corporal para H. naledi es similar a la masa corporal estimada para los australopitecos grandes.21

 Figura 4 : Los huesos de esta mano son una de las excepciones notables donde se encontraron restos articulados de Homo naledi. A) Vista inferior (izquierda) y superior (derecha) de los huesos de la mano reunidos. Escala en cm. B) Vista de los huesos de la mano articulados durante la excavación. Crédito de la imagen: A) Berger et al. 2015, disponible en http://elifesciences.org/content/4/e09560; B) Dirks et al. 2015W, disponible en http://elifesciences.org/content/4/e09561#F2


Figura 4 : Los huesos de esta mano son una de las excepciones notables donde se encontraron restos articulados de Homo naledi. A) Vista inferior (izquierda) y superior (derecha) de los huesos de la mano reunidos. Escala en cm. B) Vista de los huesos de la mano articulados durante la excavación. Crédito de la imagen: A) Berger et al. 2015, disponible en http://elifesciences.org/content/4/e09560; B) Dirks et al. 2015W, disponible en http://elifesciences.org/content/4/e09561#F2. 

El énfasis sobre la disposición intencional de cadáveres también está enmarcado como un argumento que pretende resaltar una complejidad conductual actualmente observada solamente en los seres humanos. En teoría, la atribución de restos fósiles a un género debe basarse en el tratamiento estadístico de mediciones esqueléticas y dentales diferentes que agrupan inequívocamente especímenes con rasgos anatómicos distintos. En la práctica, el procedimiento es complicado por la falta de acuerdo sobre qué rasgos esqueléticos deben considerarse diagnósticos para Homo y por la naturaleza fragmentaria del registro fósil.22

Evolución humana: ¿una progresión lineal o un desorden enredado?

Uno de los aspectos más importantes que aparecen del estudio de Homo naledi es su combinación de características anatómicas, algunas más similares a Australopithecus, otras a Homo. Esta distribución en mosaico de caracteres se ve a nivel del esqueleto en general, con el tronco, hombro, pelvis, y fémur proximal siendo australopitecoides, y la extremidad inferior y la dentición siendo más humanoides. Esta combinación de caracteres de dos tipos de organismos diferentes es lo que los paleontólogos califican como distribución en mosaico. Sin embargo, esta característica de mosaico es evidente no sólo en la generalidad del esqueleto, sino también en regiones específicas del esqueleto. Por ejemplo, la mano muestra en conjunto una morfología humanoide en los huesos de la muñeca pero dedos relativamente largos y notablemente curvados como en los australopitecos. Los dientes son pequeños, como en los seres humanos, pero con proporciones del tamaño molar encontradas en australopitecos. La forma del cráneo es más redondeada, como en Homo, pero la capacidad craneal y el cociente de encefalización son pequeños, como en los australopitecos. Se ha documentado una distribución de características similar en mosaico en otros homínidos fósiles, como en Australopithecus sediba23 y Homo floresiensis.24

Además de la mezcla de los rasgos esqueléticos observada en el nivel de un esqueleto individual, algunos descubrimientos recientes en Europa oriental han revelado que también estaba presente una cantidad sorprendente de variabilidad morfológica entre individuos diferentes dentro de la misma población de homínidos.25 Cuando se consideran juntos, estos hallazgos constituyen un desafío importante al escenario clásico de la evolución humana secuencial, popularizada por la icónica procesión de siluetas gradualmente crecientes desde formas simiescas hasta la postura humana. No puede establecerse una trayectoria simple, congruente y lineal para el desarrollo de los rasgos esqueléticos humanos individuales. Por el contrario, complejos funcionales semejantes a los seres humanos aparecen con distribución casi “aleatoria” en conjunto con cualidades australopitecoides en organismos diferentes y entre individuos en la misma población. Este cambio radical está siendo reconocido en importantes artículos de evolución. Antón et al., por ejemplo, sostienen  que “ambientes dinámicos favorecieron la experimentación evolutiva y el apareamiento y desacoplamiento de variables biológicas, que gober- naron contra cualquier transición simple desde Australopithecus a Homo”; 26 ellos también hablan de la “intrigante mezcla de rasgos derivados y plesiomórficos y variables biológicas que probablemente caracterizaron la evolución temprana de Homo”,27 haciendo referencia a una mezcla desconcertante de rasgos modernos y primitivos desde una perspectiva evolutiva. De forma semejante, Schwarz y Tattersall, llegan a la conclusión de que

“en contraste con la austera linealidad de Mayr, podríamos descubrir que la evolución humana rivalizó con la de otros mamíferos en su experimentación evolutiva y diversidad exuberante”.28 Palabras como “intrigante”, “experimentación”, “mezcla”, y “diversidad exuberante” son claros indicadores de una nueva e inesperada tendencia y un reconocimiento implícito de cuán poco se sabe realmente con precisión sobre ciertos aspectos del registro fósil homínido.

¿Cuál pudiera ser el origen de esta variabilidad y distribución en mosaico de las características en los homínidos fósiles? Como generalmente es el caso en las ciencias históricas, solamente pueden hacerse sugerencias. Sin embargo, Antón et al. apuntan a tres procesos posibles: 1) plasticidad morfológica y del desarrollo relacionado con las condiciones ambientales. Por ejemplo, la disponibilidad de alimentos y el bajo riesgo de mortalidad pueden prolongar el crecimiento y retrasar la pubertad en los seres humanos, resultando en tamaño de cuerpo más grande y maduración más lenta; 2) la hibridación entre grupos diferentes, significando esto la generación de descendencia desde individuos que pertenecen a tipos distintos que pueden cruzarse; y 3) vicarianza, significando esto la diversificación de grupos como consecuencia del aislamiento atribuible a emigración o barreras geográficas.29 Es interesante darse cuenta de que estos mismos mecanismos también funcionarían muy bien dentro de un modelo creacionista, donde se esperaría que los tipos australopitecos y humanos se diversificaran en una dispersión post diluviana.

Hemos de destacar un corolario final importante del patrón de distribución en mosaico de los rasgos anatómicos. Como deliberadamente comentaron Berger et al., debido a las combinaciones no predecibles de características aparentes en diferentes homínidos fósiles “debemos abandonar la expectativa de que cualquier fragmento pequeño de anatomía pueda proveer un esclarecimiento singular sobre la relación evolutiva de los homínidos fósiles”.30 En otras palabras,

una reconstrucción de las supuestas relaciones evolutivas basada en comparaciones de sólo un elemento (por ej. las cúspides de un diente, la forma de una mandíbula, la prominencia de un arco superciliar) podría llevar a resultados contradictorios si se dispusiera de esqueletos enteros.

Lecciones a aprender

La publicidad dada al descubrimiento de H. naledi indudablemente levantará dudas sobre el tema de los orígenes humanos. Esto es una gran oportunidad para una reflexión más profunda sobre el tema que será beneficiosa si pueden evitarse las ideas falsas. He aquí algunos puntos importantes a considerar por y para aquellos que comparten una perspectiva creacionista:

¿Es el Homo naledi el “eslabón perdido” entre los australopitecos y los seres humanos? Sin importar qué le gustaría a los medios de comunicación hacernos creer, la respuesta es no. Antes que nada, los fósiles de Homo naledi no han sido datados y su colocación estratigráfica es desconocida. Bien pudieran ser un grupo homínido relativamente reciente, irrelevante por lo tanto en el supuesto surgimiento evolutivo de Homo. Incluso si su posición estratigráfica fuera determinada entre los fósiles australopitecos y Homo, H. naledi no presenta un arreglo transicional de rasgos morfológicos, sino, como hemos visto, una combinación en mosaico, y por ende no ejemplifica una vía hipotética de cambios secuenciales graduales esperados en la evolución Darwiniana. Todavía existe un hueco muy importante en el registro fósil de los homínidos, haciendo que la transición de australopitecos a seres humanos sea una interpretación con muy pocos datos.

¿Qué fue H. naledi? ¿Un ser humano o un australopiteco? Como se discutió anteriormente, éste es un tema de interpretación. Probablemente, los creacionistas se inclinarán a verlo como una variante australopitecina, especialmente teniendo en cuenta su pequeño tamaño cerebral, con adaptaciones para el bipedalismo y modificaciones en la dentición gobernadas por la dieta.31 La realidad es que simplemente no lo sabemos. Hay algunas opciones via- bles desde una perspectiva creacionista. H. naledi podría ser un híbrido entre dos tipos, un tipo diferente de primate, o una variante australopitecoide o humanoide modificada ambientalmente.

¿Qué no era H. naledi? Un nuevo descubrimiento es también una oportunidad excelente de recordar lo que no se ha des- cubierto. Anatómicamente, H. naledi no es un ser humano moderno. Hasta ahora no hemos descubierto restos de seres similares a humanos modernos excepto en las capas superiores de la columna geológica. H. naledi tampoco es un fósil humano gigante.

Desafortunadamente, los engaños sobre descubrimientos de fósiles humanos gigantes continúan siendo populares entre cristianos bien intencionados pero mal informados,32 y debe ejercerse gran escepticismo cuando enfrentamos noticias sensacionalistas sobre el tema. Probablemente, H. naledi tampoco represente un fósil prediluviano. Su hallazgo dentro de los sedimentos superficiales de una cueva coloca su deposición en el mismo final de la secuencia de eventos geológicos que moldearon el paisaje actual, es decir, en la época postdiluvial.

¿Qué lecciones pueden aprenderse de este asombroso descubrimiento? Indudablemente, la lección más instructiva es que hemos de distinguir claramente entre los datos y las interpretaciones. Los creacionistas bíblicos tienen que ser cons- cientes de las presuposiciones filosóficas subyacentes cuando se presentan nuevos descubrimientos, a menudo arraigados en una cosmovisión evolutiva. Esto podría resultar en una polarización intencional o involuntaria en la presentación de los resultados o en la popularización de sus implicaciones. Mientras afinamos nuestro ojo crítico, debemos continuar trabajando con confianza hacia la construcción de modelos que sean compatibles con una cosmovisión bíblica, manteniendo una actitud humilde en las áreas de conocimiento incompleto.<

Referencias

1Berger, L.R., et al. 2015, Homo naledi, a new species of the genus Homo from the Dinaledi Chamber, South Africa. eLife 4.

2Íbid., p.3.

3Íbid., pp.3, 24.

4Dirks, P.H., et al. 2015, Geological and taphonomic context for the new hominin species Homo naledi from the Dinaledi Chamber, South Africa. eLife 4.

5McKenzie, D. and Wende, H., Homo naledi: New Species of Human Ancestor Discovered in South Africa. CNN, 10 de septiembre de 2015, http://www.cnn.com/2015/09/10/africa/homo-naledi-human-relative-species/.

6Berger et al., p. 6.

7Íbid., p. 11.

8Íbid., p. 18.

9Espesor subtrocantérico AP, Tabla 3, p. 18 de Berger et al.

10Grabowski, M., Hatala, K. G., Jungers, W. L., & Richmond, B. G. 2015, Body mass estimates of hominin fossils and the evolution of human body size. Journal of Human Evolution 85: 75-93.

11Berger et al., pp. 4,5.

12Como aparece en Barras, C., New species of extinct human found in cave may rewrite history. New Scientist, 10 de septiembre de 2015, https://www.newscientist.com/article/mg22730383-700-new-species-extinct-human-found-in-cave-may-rewrite-history/.

13Dirks et al., p. 30.

14Presentado en McKenzie and Wende.

15Presentado en Johnson, M.A., and Jackson, H., Mind Blown: Is Human Ancestor Discovery the Long-Sought Missing Link? NBC News, 10 de septiembre de 2015, http://www.nbcnews.com/science/science-news/mind-blown-human-ancestor-discovery-long-sought-missing-link-n425406.

16Presentado en Sample, I., Homo naledi: new species of ancient human discovered, claim scientists, The Guardian, 10 de septiembre de 2015, http://www.theguardian.com/science/2015/sep/10/new-species-of-ancient-human-discovered-claim-scientists.

17Presentado en Sample y en Hartley, R., Some bones to pick, Times Live, 18 de septiembre de 2015, http://www.timeslive.co.za/thetimes/2015/09/18/Some-bones-to-pick.

18Berger et al., p. 23.

19Usando los cálculos estimados de masa corporal y tamaño cerebral de Berger et al. y datos y ecuaciones finales de Ruff, C.B., Trinkaus, E. and Holliday, T.W. 1997, Body mass and encephalization in Pleistocene Homo. Nature 387: 173-176, el cociente de encefalización estimado para H. naledi es de cerca de 2.4, mientras que para los seres humanos modernos es de aproximadamente 5.3.

20Berger et al., p. 18.

21Por ejemplo, cuando las mismas ecuaciones y tipos de medición usados para calcular la masa corporal en Berger et al., fueron aplicadas a AL 333-131 (un hueso fémur de Australopithecus afarensis) el valor obtenido fue ~ 61 kg, lo que excede todos los estimados aproximados de masa corporal para H. naledi. Usando análisis estadístico multivariado, Grabowski et al. calcularon la masa promedio masculino para A. afarensis como 49.5 kg, que coincide en parte con los cálculos estimados también para H. naledi.

22Véase, por ejemplo, Schwarz, J.H. and Tattersall, I. 2015, Defining the genus Homo. Science 349(6251):931-932.

23Berger, L. R., de Ruiter, D. J., Churchill, S. E., Schmid, P., Carlson, K. J., Dirks, P. H. and Kibii, J. M. 2010, Australopithecus sediba: A new species of Homo-like australopith from South Africa. Science 328(5975):195-204.

24Brown, P., Sutikna, T., Morwood, M. J., Soejono, R. P., Saptomo, E. W. and Due, R. A. 2004, A new small-bodied hominin from the Late Pleistocene of Flores, Indonesia. Nature 431(7012):1055-1061.

25Lordkipanidze, D., de León, M. S. P., Margvelashvili, A., Rak, Y., Rightmire, G. P., Vekua, A. and Zollikofer, C. P. 2013, A complete skull from Dmanisi, Georgia, and the evolutionary biology of early Homo. Science 342(6156):326-331.

26Antón, S. C., Potts, R., and Aiello, L. C. 2014. Evolution of early Homo: An integrated biological perspective. Science. 345(6192):1236828-10.

27Íbid.

28Schwarz and Tattersall, p. 932.

29Antón et al.

30Berger et al., p. 23.

31Esta es, por ejemplo, la posición asumida por E. Mitchell en un blog de Answers in Genesis (Respuestas en Génesis) sobre el descubrimiento de H. naledi: Is Homo naledi a New Species of Human Ancestor? 12 de septiembre de 2015, https://answersingenesis.org/human-evolution/homo-naledi-new-species-human-ancestor/

32La última falsificación que conozco, y que me la señaló un amigo recientemente, quien tenía pocas esperanzas sobre su credibilidad, puede encontrarse en http://worldnewsdailyreport.com/5-meter-tall-human-skeleton-unearthed-in-australia/